Jesucristo, ohh señor, que has muerto y con tu sangre se han lavado los pecados de nuestras almas impuras.
Ohh, Jesucristo, tan noble y redentor. Jesucristo, la solución, tu amor nos liberó y nos libera al salir el sol.
Gracias Señor, Jesús, hijo de María y Pedro, carpintero del alma de la humanidad, sanador, y mártir de la paz.
Tan noble eres Señor, tan hijo de tu padre. Tan digno de un reino celestial, y tu palabra perdurará.
Porque cuando esperanza entregaste al pueblo, con tu doctrina de pan y vino.
Eres tan elegido de un Dios misericordioso, tan destinado a nacer mesías.
Y aún así, habiendo nacido hijo de un padre que todo lo tenía, luchaste contra la opresión y el egoismo de los hombres.
Con tu humilde túnica blanca y rota, pies descalzos, y sonrisa de mirra y jenjibre. ¡Tan noble! Ohhh, Jesucristo.
¡Eres tan noble! ¡Eres tan bueno! ¡Jesus, amoroso al mango!
Eres un haz de luz y claridad, que penetró filoso en la oscuridad del ego y la perdición.
Jesucristo, digno de un baño con aguas frescas y perfumes del oriente. Tan sabio, con tus mejillas castigadas.
Pero tu alma sufrida y fuerte, que se levanta ante cada tormenta, y un cuerpo humano, que corre amparador.
(tenia ganas de dedicarle un poema a Jesús, ¿algún problema?)
Ohh, Jesucristo, tan noble y redentor. Jesucristo, la solución, tu amor nos liberó y nos libera al salir el sol.
Gracias Señor, Jesús, hijo de María y Pedro, carpintero del alma de la humanidad, sanador, y mártir de la paz.
Tan noble eres Señor, tan hijo de tu padre. Tan digno de un reino celestial, y tu palabra perdurará.
Porque cuando esperanza entregaste al pueblo, con tu doctrina de pan y vino.
Eres tan elegido de un Dios misericordioso, tan destinado a nacer mesías.
Y aún así, habiendo nacido hijo de un padre que todo lo tenía, luchaste contra la opresión y el egoismo de los hombres.
Con tu humilde túnica blanca y rota, pies descalzos, y sonrisa de mirra y jenjibre. ¡Tan noble! Ohhh, Jesucristo.
¡Eres tan noble! ¡Eres tan bueno! ¡Jesus, amoroso al mango!
Eres un haz de luz y claridad, que penetró filoso en la oscuridad del ego y la perdición.
Jesucristo, digno de un baño con aguas frescas y perfumes del oriente. Tan sabio, con tus mejillas castigadas.
Pero tu alma sufrida y fuerte, que se levanta ante cada tormenta, y un cuerpo humano, que corre amparador.
(tenia ganas de dedicarle un poema a Jesús, ¿algún problema?)



